CAPITULO UNO
Juán estaba sentado escribiendo su novela, con la que llevaba ya seis meses, esa que le estaba dando tanto trabajo, pero que disfrutaba con cada palabra que salía de su imaginacíon.
Desde que lo trasladaron a esa costa tan abrupta y salvaje, al norte de la región donde había nacido su madre, disponía de todo el tiempo del mundo para poder ocuparse del libro con calma y tesón. Nada ni nadie podía distraerlo en su brega.
Juán el Farero.
Así lo llamaban en el pueblo que observaba a veces, a lo lejos, desde la ventana trasera de la atalaya cuando necesitaba desconectar del ordenador y se aburría de contemplar la inmensidad del mar. Aunque él prefería que le llamaran, Técnico Mecánico de Señales Marítimas.
Ya se ocultaba el sol, y debía poner en marcha todo el mecanismo de encendido, (los faros constan de un sistema totalmente automatizado), pero lo había desconectado para poder hacerlo él manualmente, porque así , creía que hacía mejor su trabajo y se sentía como mas de provecho.
La labor de los torreros, pese a lo que pueda parecer, no es precisamente muy estresante que digamos…
Entre las obligaciones principales se detallan las de prestar el servicio de las señales marítimas, cualquiera que sea su clase y naturaleza; encender las luces; vigilar el alumbrado durante la noche, cuidar de la limpieza de los aparatos ópticos y acústicos de las máquinas de todas clases y de todos los efectos del servicio, así como del moblaje, edificios, explanadas, huertas y demás accesorios, recoger los datos meteorológicos y llevar los registros, con arreglo todo a las órdenes e instrucciones que se les comunique por los Ingenieros o ayudantes encargados del servicio marítimo y de la provincia.
Hay que añadir entre otros muchos deberes los relacionados con los inventarios, informes, registros, y la limpieza y lo que resulta más singular, las obligaciones de adquirir los conocimientos necesarios para fabricar masilla para reparar las juntas de los cristales de la linterna, soldar con estaño y con soldadura fuerte para poder reparar inmediatamente las grietas que se produzcan y los elementos de electricidad necesarios para poder encontrar la causa de que no funcionen los timbres de pilas y los medios de hacerlos funcionar.

Salió a tomar el aire y notó que el viento había cambiado de repente y eso era síntoma de que se acercaba una tormenta, tan común en esa zona.
Se apresuró a cerrar las contras de las ventanas de la base de la torre, que daban ventilación en verano a toda la estructura interior, porque los nubarrones ya se habían instalado encima del faro y empezaban a descargar esa lluvia tan molesta.
Las olas ya llegaban hasta el muro norte y salpicaban las esculturas que adornaban la pilastra, hasta inundar todo el balcón. Entró y cerró la pesada puerta de madera. Se quitó el chubasquero, lo sacudió y lo colgó para que se escurriera.

Ya estaba en el décimo peldaño de las impresionantes escaleras de caracol que se alzaban hasta lo alto de la torre, cuando escuchó unos golpes que provenían del exterior.
Alguien estaba llamando a la puerta con mucha insistencia.

Magnífico!!! y ya estoy deseando leer la continuación…
Muchísimas gracias Sonvak, como siempre, un honor que te hayas acercado a mi humilde sitio.
La verdad es que es una historia que se me ocurrió así de repente una noche descansando en cama y como la veía muy larga, decidí hacerla por capítulos.
Por supuesto tendrá continuación, aunque solo seas tú la que los vea.
Bicos…